
¿Habrá muchas personas que hayan sido conscientes a los 22 años de que podían perder de golpe todas las posibilidades que sentían en ellas —y no experimento la menor timidez al decir que yo dentro de mí las noto inmensas, que las considero como un don que he recibido, y no como una propiedad—, de que podrían arrebatarles todo y no rebelarse?
Hélène
Berr es una joven y bella parisina que estudia literatura en la Sorbona, sensible e inteligente, de una familia acomodada. LLevaba una vida feliz y llena de proyectos, de amigos, de libros, de música, hasta que llegaron los nazis. Era judía.
Dos años antes de su asesinato empezó a escribir un diario, que ha sido hecho público por su familia el año pasado.
Es un libro que vale la pena leer.
El niño del pijama a rayas es una ficción barata y sensiblera,
El diario de Ana
Frank se te cae de las manos. El libro de
Berr es verdad y está muy bien escrito. Es una mujer en plenitud de percepción, que entiende lo que pasa, sensible e inteligente y que se expresa muy bien.
El tono inicial es alegre y de un interés moderado (su vida familiar, excursiones campestres, su noviete). La cosa se va endureciendo y el texto se hace cada vez más reflexivo, con menos hechos externos, y más sombrío. En todo momento queda clara la calidad humana de esta joven.
La situación se vuelve asfixiante ("Vivimos hora tras hora, no semana tras semana"). No cabe hacer planes. "Anoto los hechos, apresuradamente, para no olvidarlos. Por que no hay que olvidar". Detenciones masivas, deportaciones, suicidios, vejaciones. También actos de solidaridad y comprensión, sacrificios y generosidad. Pronto pierde hasta el consuelo de los libros.